principio acusatorio

Principio acusatorio

El principio acusatorio es un principio procesal penal que impide al Juez actuar de oficio en determinadas etapas del proceso. Así, es la acusación (Ministerio Fiscal y acusación particular) quien debe entablar la acción penal, determinar los hechos y personas implicados y aportar y acreditar aquellos hechos que deban tenerse en cuenta.

Por tanto, el principio acusatorio funciona como una garantía de la objetividad del órgano sentenciador, que al no formar parte de la acusación ni la defensa participa en el proceso como un tercero imparcial.

Qué es el principio acusatorio

Para evitar que el órgano sentenciador sea juez y parte, nuestro sistema penal emplea el principio acusatorio. Gracias a él se puede incrementar la imparcialidad del Juez, que tiene prohibidas determinadas actuaciones de oficio.

De este modo, el ejercicio de la acción penal se deja en manos de la acusación. Esta debe ser comunicada al imputado para poder ejercitar su defensa, lo que hace entrar en juego el principio contradictorio.

Pero los principios acusatorio y contradictorio no deben confundirse. Mientras el segundo se basa en la posibilidad de respuesta y defensa en igualdad de condiciones, el principio acusatorio se basa en la prohibición de determinadas intervenciones judiciales. Por ejemplo:

  • Al inicio del proceso y durante su tramitación, el órgano sentenciador no puede:
    • Iniciar el procedimiento.
    • Mantener una acusación.
    • Aportar hechos o realizar cualquier otra tarea de investigación o instrucción.
  • A la hora de finalizar el proceso, el órgano sentenciador tampoco puede:
    • Condenar a personas que no hayan sido acusadas por las partes.
    • Castigar hechos que no hayan sido los denunciados.
    • Aplicar penas superiores a las solicitadas por la acusación. Esto alcanza la responsabilidad civil que se pudiera asociar al delito, aunque las voces más autorizadas señalan que la limitación de la responsabilidad civil tiene lugar con los principios de rogación y congruencia y no con el acusatorio.

En definitiva, el juez o tribunal actúa como un mero intérprete, que:

  1. Toma en consideración los hechos imputados al acusado y acreditados por las partes.
  2. Interpreta la legislación aplicable.
  3. Y, finalmente, determina la existencia o inexistencia de la responsabilidad penal concurrente, graduándola en su caso.

La extensión del principio acusatorio: reformatio in peius y otros límites

El principio acusatorio no solo se aplica en primera instancia. Si las partes recurren la primera sentencia deberán recordar que ante el tribunal de segunda instancia:

  • No se pueden introducir nuevas acusaciones.
  • Tampoco puede producirse una reformatio in peius que perjudique al recurrente. Es decir, si el condenado recurre su sentencia condenatoria, la pena aplicable en segunda instancia no puede empeorar su situación.

En definitiva, el principio acusatorio aleja nuestro sistema penal de un modelo inquisitivo, en que el juez dirige todas las actuaciones del proceso. De este modo se potencia la independencia e imparcialidad del juez, otorgando un papel activo a las partes.

Este principio supone una serie de límites procesales a las potestades de los órganos jurisdiccionales. Se configuran así como intérpretes y garantes de la ley penal, reservando el papel de la acusación al Ministerio Fiscal.